El jardín de las emociones

Cómo aprovechar este cuento
Leedlo sin prisa, haced pequeñas pausas y relacionad la historia con emociones, hábitos y situaciones cotidianas del niño o la niña.
Antes de empezar
Buscad un momento tranquilo, dejad espacio para preguntas y permitid que la historia abra conversación en lugar de ir deprisa al final.
La niña Valentina encontró una puerta diminuta entre los rosales del parque. Era verde, del tamaño de un gato, con un pomo dorado.
Detrás estaba el Jardín de las Emociones. Cada flor era de un color diferente.
—Yo soy Rabia —dijo una flor roja—. Me defiendo cuando algo es injusto.
—Yo soy Tristeza —dijo una flor azul—. Te ayudo a valorar lo que tienes.
—¡Yo soy Alegría! —exclamó una flor amarilla—. ¡Me encanta hacer reír!
—Yo soy Miedo —susurró una flor morada—. Te aviso cuando hay peligro.
—Yo soy Calma —dijo una flor verde—. Siempre estoy aquí.
—¿Cuál es la mejor? —preguntó Valentina.
—No hay emociones buenas ni malas. Todas son necesarias. Lo importante no es qué sientes, sino cómo lo cuidas.
Valentina pensó en su semana: enfadada el lunes, triste el miércoles, contenta el jueves… Hoy estaba confundida.
—Hoy siento muchas cosas a la vez.
—¡Eso es normal! Es como un ramo de flores: todas juntas son más bonitas.
Valentina cerró los ojos y respiró. Sintió todas sus emociones: alegría, un poquito de tristeza, y mucha gratitud por tener un jardín secreto dentro de ella. 🌸🌈
✨ Moraleja
Todas las emociones son válidas; lo importante es aprender a cuidarlas.
👨👩👧 Para las familias
Ideas sencillas para convertir el cuento en una conversación útil, cariñosa y aplicable al día a día.
- Preguntad cada día: ¿Cómo te has sentido hoy?
- Validad todas las emociones: Es normal estar triste/enfadado.
- Haced un rincón de la calma en casa con cojines y libros.